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Bullas, un pueblo líder en energía solar

08/05/2009
Bullas, un pueblo líder en energía solar
El huerto solar de Bullas. | Gehrlicher Solar
Han dejado de emitir más de 8.000 toneladas de CO2 por año
El proyecto de ampliación doblará la cantidad de placas solares operativas
María José Puertas | Madrid
Actualizado jueves 07/05/2009 14:45 horas
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Bullas, un pueblo hasta ahora conocido por sus vinos, es un ejemplo de adaptación a las energías renovables. El huerto solar que empezó a funcionar en noviembre de 2007 genera el 21 por ciento del consumo total del municipio, lo que equivale al 42 por ciento del consumo de los hogares bullenses. Según Fernando Sacristán, portavoz de Gehrlicher Solar, con la implantación de este huerto han dejado de emitir más de 8.000 toneladas de CO2 por año, poniendo su granito de arena al cumplimiento del Protocolo de Kioto.
Y ésta no es la única ventaja. Las placas solares se han instalado entre las lagunas de maduración de una depuradora que surte de agua al regadío de la zona. Esto permite compensar el 30% de su consumo eléctrico. Además, una parte de ese terreno es del ayuntamiento, y otra pertenece a varios propietarios del municipio.
Una cocina solar. | F. Sacristán
Los beneficios se están invirtiendo en un taller de formación de energía solar y varias cocinas solares que se han instalado en el merendero del pueblo para evitar los incendios por hogueras mal apagadas. “Estas cocinas llevan a ebullición un litro de agua en seis minutos y concentran el calor únicamente en la zona donde se coloca el recipiente”, recordó Sacristán.
Fruto de un acuerdo entre Gehrlicher Solar y la alcaldía del PSOE, este huerto lo gestiona Ecoparque Solar de Bullas, una empresa formada por 70 pequeños inversores murcianos y que da trabajo estable a 15 personas. Algo a tener en cuenta en una localidad que ha sufrido el parón de la construcción, comentó un lugareño.
La apuesta de este pueblo por la energía solar continúa. En estos momentos ya hay un proyecto de ampliación con el que pretenden doblar la cantidad de placas solares operativas en año y medio. Además, tienen intención de colocarlas en los tejados de los edificios públicos. Así, los colegios, los polideportivos, y el propio ayuntamiento tendrán en breve sus propias placas solares.
Según el portavoz de Gehrlicher Solar, “el impacto medioambiental de estos paneles es mínimo, ya que la instalación no es fija y cuando una se estropea se retira y punto. No dejan residuos en la tierra”.
Una curiosidad: En este pueblo las ovejas se comen las hierbas que crecen alrededor de las placas. “Pero sólo las ovejas, que las cabras se comen los cables”, puntualizó Sacristán.

Han dejado de emitir más de 8.000 toneladas de CO2 por año

El proyecto de ampliación doblará la cantidad de placas solares operativas

FUENTE – El Mundo – 07/05/09

Bullas, un pueblo hasta ahora conocido por sus vinos, es un ejemplo de adaptación a las energías renovables. El huerto solar que empezó a funcionar en noviembre de 2007 genera el 21 por ciento del consumo total del municipio, lo que equivale al 42 por ciento del consumo de los hogares bullenses. Según Fernando Sacristán, portavoz de Gehrlicher Solar, con la implantación de este huerto han dejado de emitir más de 8.000 toneladas de CO2 por año, poniendo su granito de arena al cumplimiento del Protocolo de Kioto.

Y ésta no es la única ventaja. Las placas solares se han instalado entre las lagunas de maduración de una depuradora que surte de agua al regadío de la zona. Esto permite compensar el 30% de su consumo eléctrico. Además, una parte de ese terreno es del ayuntamiento, y otra pertenece a varios propietarios del municipio.

Los beneficios se están invirtiendo en un taller de formación de energía solar y varias cocinas solares que se han instalado en el merendero del pueblo para evitar los incendios por hogueras mal apagadas. “Estas cocinas llevan a ebullición un litro de agua en seis minutos y concentran el calor únicamente en la zona donde se coloca el recipiente”, recordó Sacristán.

Fruto de un acuerdo entre Gehrlicher Solar y la alcaldía del PSOE, este huerto lo gestiona Ecoparque Solar de Bullas, una empresa formada por 70 pequeños inversores murcianos y que da trabajo estable a 15 personas. Algo a tener en cuenta en una localidad que ha sufrido el parón de la construcción, comentó un lugareño.

La apuesta de este pueblo por la energía solar continúa. En estos momentos ya hay un proyecto de ampliación con el que pretenden doblar la cantidad de placas solares operativas en año y medio. Además, tienen intención de colocarlas en los tejados de los edificios públicos. Así, los colegios, los polideportivos, y el propio ayuntamiento tendrán en breve sus propias placas solares.

Según el portavoz de Gehrlicher Solar, “el impacto medioambiental de estos paneles es mínimo, ya que la instalación no es fija y cuando una se estropea se retira y punto. No dejan residuos en la tierra”.

na curiosidad: En este pueblo las ovejas se comen las hierbas que crecen alrededor de las placas. “Pero sólo las ovejas, que las cabras se comen los cables”, puntualizó Sacristán.

Autor: M.J. Puertas

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Biocombustibles y desarrollo rural

10/03/2009

Fomentar el uso de combustibles ecológicos es una necesidad no sólo para el campo europeo, sino también para el desarrollo agrícola de otros países. Una apuesta decidida por las energías renovables puede contribuir a sacar de la pobreza a miles de personas, vertebrando el campo a través de unas comunicaciones más sencillas y baratas, y generando una riqueza que luego se transfiere al resto de los sectores productivos.

FUENTE – madri+d – 10/03/2009

Desde el punto de vista del agricultor de un país en desarrollo, los biocombustibles permiten aumentar la rentabilidad de su explotación. Además de producir combustible, el cultivo de estos productos genera otros subproductos, como piensos para animales a partir de los residuos, que pueden ser usados por el mismo agricultor o ser vendidos, insuflando así flujos de capital en una economía que realmente lo necesita. La capacidad de obtener liquidez en una economía monetarizada es crucial para superar los estadios de subsistencia basada en el autoconsumo y el trueque.

La capacidad de desarrollo de los biocombustibles no se circunscribe sólo a los países que no han alcanzado aún una economía basada en la ciencia

La manera de dejar de pasar hambre no es cultivar uno mismo sus alimentos, sino generar dinero suficiente para poder comprarlos. Una vez logrado este objetivo básico, la manera de salir de la pobreza es producir excedentes monetarios que permitan adquirir bienes tangibles, como herramientas más eficaces; e intangibles, como una mejor educación. Aún cuando la casuística es infinita y cada caso requiere su análisis, vender la cosecha para generar combustible en vez de comérsela no tiene por qué ser siempre una mala idea. 

La capacidad de desarrollo de los biocombustibles no se circunscribe sólo a los países que no han alcanzado aún una economía basada en la ciencia. En los países que, como España, cuentan con un terciario avanzado, los biocombustibles son también un elemento de desarrollo a otro nivel. Los biocombustibles son un medio de generar recursos en áreas tradicionalmente privadas de oportunidades, como son las rurales. De entre las muchas opciones que existen para desarrollar una comarca, el diseño de una estrategia de gestión rural que se apoye en la biotecnología ha de ser considerada, si se observan las condiciones para ello.

En este sentido, es una buena noticia el que el Gobierno de España haya concretado la obligación de que los carburantes contengan una cantidad mínima de biocombustibles, tal y como se había aprobado en la UE. La segmentación en obligaciones diferentes para el bioetanol y el biodiésel es también positiva, ya que esto permite avanzar en el desarrollo de nuevos métodos en ambos combustibles. 

Emplear una proporción mínima de biocombustibles en las carreteras no supone ningún coste añadido para el consumidor final, contribuye a un cambio gradual a medios de transporte más ecológicos, y ayuda a frenar el cambio climático.

Resulta curioso ver cómo se derivan ciertos problemas al campo de los biocombustibles, a los que se acusa de todos los males de los países supuestamente pobres, cuando resulta que esta tecnología es uno de los pocos medios con que cuentan algunas economías para coger el tren del desarrollo.

La capacidad de los biocombustibles para generar riqueza es indudable. El debate sobre los alimentos o los biocombustibles es tan artificial como el del cambio climático, que es un hecho científico, o sobre la evolución de las especies, otro hecho científico.

Esta tecnología es uno de los pocos medios con que cuentan algunas economías para coger el tren del desarrollo

La diferencia es que en estos dos últimos debates las pruebas científicas son tan abrumadoras y tan visibles que hay que ser muy militante para negarse a verlo, mientras que en el debate de los biocombustibles aún no se ha llegado a recorrer el largo camino que existe entre la investigación y el conocimiento público de los hechos.

En la coyuntura económica presente, además, los biocombustibles ofrecen un nicho de empleo que no se puede despreciar. Los yacimientos tradicionales de empleo han cambiado mucho desde la última crisis económica. La economía se ha diversificado, la educación superior se ha extendido, y los canales de información permiten acceder a la ciencia y a la cultura a un volumen cada vez mayor de la población. Por todo ello, han surgido nuevas oportunidades de trabajo derivadas de una mayor conciencia ambiental. La preocupación por las interacciones entre el hombre y el medio ha permitido el desarrollo de una nueva generación de trabajos verdes que se localizan en lugares antes improbables.

El desarrollo de los biocombustibles ha generado nuevos trabajos cualificados en el medio rural. Las oportunidades en este campo han ido desde la gestión de la producción en las plantas de tratamiento, a la investigación para el desarrollo de biocombustibles de segunda y tercera generación.

Para aprovechar estas oportunidades verdes es necesaria una formación intelectual en el área del medio ambiente. La capacidad de nuestras universidades de proporcionarla es indudable, pero sería deseable una mayor implicación del sector privado para, por una parte, adecuar una parte de la formación práctica a las necesidades de las empresas; y por otra, para ofrecer a éstas nuevos productos de alto valor añadido que puedan explotarse económicamente, creando riqueza y trabajo en nuestro país.

En el ejemplo de los biocombustibles, una de las áreas de mayor proyección futura, rentabilidad y capacidad de crear empleo, sería útil coordinarse con las facultades de bioquímica y biotecnología para aprovechar sinergias y crecer juntos.

La creación de trabajos verdes no se limita al I+D+i. Una formación profesional avanzada puede explotar también este yacimiento de empleos verdes.

El desarrollo de las energías renovables conlleva la creación de nuevos empleos cualificados, como técnicos de mantenimiento, vigilantes de cultivos y plantas de tratamiento, obreros industriales, administrativos, o transportistas.

En la coyuntura económica presente, los biocombustibles ofrecen un nicho de empleo que no se puede despreciar

Una planta de producción de bioetanol no sólo cuenta con un laboratorio, sino también con un amplio espectro de personal asociado que es imprescindible para el funcionamiento del negocio. La localización de muchas de estas actividades respetuosas con el medio ambiente fuera de las ciudades permite movilizar los recursos humanos locales, y ofrecer un medio de vida en áreas tradicionalmente marginadas del mercado laboral. Esto, asociado a la gran dispersión de la formación superior en España, puede permitir un desarrollo endógeno que ayude no sólo a capear la actual coyuntura económica desfavorable, sino a proporcionar medios de vida a largo plazo. Es responsabilidad de las entidades locales ser capaces de atraer estas actividades a los municipios con mejores condiciones para sostenerlos, y proporcionar a sus ciudadanos los medios formativos adecuados para aprovechar las nuevas oportunidades de la cultura verde.

 

Autor: F.J. Tapiador

Biodesarrollo rural

15/01/2009

Los biocombustibles no sólo son una herramienta de lucha contra el cambio climático y la dependencia energética, sino que también constituyen un pilar de desarrollo rural, generando importantes efectos de arrastre en el campo. 

FUENTE – Cinco Días – 13/01/2009 

 

Permiten poner tierras improductivas o contaminadas en cultivo, diversifican la economía rural, reducen el paro, atraen capitales y generan actividades de I+D+i en lugares improbables por su limitada accesibilidad o lejanía de los centros económicos y tecnológicos. 

Además, contribuyen a generar nuevas líneas de investigación, como por ejemplo el uso de algas para la producción energética (lo que permitiría cultivos en tres dimensiones en cualquier tipo de suelo).

Desde el punto de vista del agricultor, los biocombustibles permiten aumentar la rentabilidad de un gran número de explotaciones agrícolas, ya que su producción genera otros productos comercializables: si se utiliza una hectárea de colza para producir biodiésel, el 42% de la cosecha es para la producción del biocombustible, pero el resto, el 58%, es utilizable para piensos animales.

colza

Fomentar el uso de combustibles ecológicos es una necesidad para el campo europeo y para el desarrollo agrícola de otros países. Por ello, es una buena noticia para todos la reciente aprobación por parte de la Unión Europea de la Directiva de Energías Renovables que asegura una proporción mínima de biocombustibles en nuestras carreteras hasta 2020: no supone ningún coste para el consumidor final, contribuye a rebajar nuestra peligrosa y excesiva dependencia del petróleo, contribuye a un cambio gradual a medios de transporte más ecológicos y ayuda a frenar el cambio climático.

Por todo ello, los biocombustibles (bioetanol, biodiésel, biogás, biometanol, bioETBE, etcétera ) son una magnífica solución y constituyen, además, una herramienta de desarrollo rural que se debería aprovechar, sobre todo teniendo en cuenta que ya se ha conseguido atraer inversiones a este sector.

Si hay algo difícil en este país es convencer a alguien de que invierta su dinero en una tecnología emergente. No tiene sentido fomentar la inversión en un sector que se considera estratégico y abandonar después a su suerte a unos inversores que ya tienen otros problemas, como los de distribución de esta energía renovable a través de la red de distribución de sus competidores, las petroleras, o la competencia desleal del biodiésel de Estados Unidos que está copando el mercado europeo gracias a las subvenciones recibidas en origen.

Por otra parte, el medio rural español no puede prescindir de millones de euros de tecnología, ni tampoco de facilitar su medio de vida a los pocos agricultores dispuestos a mantener vivo el campo. Alcanzar el objetivo europeo de un 6% de biocombustibles para dentro de dos años es factible, y favorecería a varios sectores productivos, además de al I+D+i nacional. Si queremos biocombustibles de segunda generación es necesario que los de primera tengan recorrido.

En este contexto, es necesario ser crítico con la información. Las campañas malintencionadas y de desinformación contra este motor de desarrollo, como han denunciado, entre otros, la comisaria Europea para la Agricultura y el Desarrollo Rural, Mariann Fischer Boel, o el ex presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, sólo benefician a los lobbies del petróleo y a la industria agroalimentaria, sin que se alcance a entender cómo organizaciones de defensa del medio ambiente o ligadas al desarrollo puedan haber caído en la trampa tendida por los sospechosos habituales. Los biocombustibles no son el problema, sino parte de la solución.

 

Autor:   Francisco J. Tapiador (Geógrafo e investigador del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Castilla-La Mancha)