Paradoja: cuanto más desarrollo más ecologismo

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Hemos visto publicado en  The New York Times el siguiente artículo, bajo el título “Gasta energía, hazte rico y salva el planeta” escrito por  John Tierney, y del que te ofrecemos la versión en español.

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FUENTE – Isón21 – 24/04/09

Cuando se celebró el primer Día de la Tierra en 1970, los ecologistas tenían buenas razones para sentirse culpables. La riqueza y la tecnología estadounidenses parecían tan evidentemente malas para el planeta que aparecieron en una famosa ecuación desarrollada por el ecologista Paul Ehrlich y el físico John P. Holdren, que es ahora asesor científico del presidente Obama.

Su ecuación era I=PAT, que significa que el impacto medioambiental es igual a la población, multiplicada por la riqueza, multiplicada por la tecnología. Parecía que la protección del planeta exigía menos gente, menos riqueza y tecnología más simple. Es el mismo tipo de transformación social y revolución energética que se defendió ayer en muchos manifestaciones celebradas para conmemorar el Día de la Tierra.

Pero entre los investigadores que analizan los datos medioambientales han cambiado muchas cosas desde los años 70. Con el beneficio de su experiencia y la mejora de las ecuaciones, se pueden hacer un par de pronósticos:

1. No habrá revolución verde en la energía ni en ninguna otra cosa. Ningún líder, ni ley, ni tratado cambiará radicalmente las fuentes de energía de las personas y de las industrias. No hay recesión ni depresión que vaya a producir un cambio duradero en el entusiasmo de los consumidores por usar energía, ganar dinero y comprar nueva tecnología, y esto, se crea o no, es una buena noticia, porque…

2. Cuanto más rico se hace uno, más ecológico será el planeta a largo plazo. Este segundo pronóstico parece difícil de creer cuando consideras la cantidad de carbono que se está expulsando a la atmósfera, y las perspectivas de aumento de emisiones de India y China a medida que se enriquecen.

Estas perspectivas hacen suponer que la riqueza y la tecnología infligirán más daño al medio ambiente. Pero aunque la contaminación puede aumentar cuando un país empieza a industrializarse, a media que la gente se hace rica puede permitirse agua y aire más limpios. Empiezan a usar fuentes de energía que necesitan menos carbono, y no sólo porque estén preocupados por el calentamiento global. El proceso de descarbonización empezó mucho antes de que Al Gore naciera.

Teorías que no se cumplen

La vieja teoría IPAT de que la riqueza es mala puede tener una lógica intuitiva, pero no encaja con los datos que han sido analizados desde el primer Día de la Tierra. En los años 90, los analistas se dieron cuenta de que los gráficos de impacto medioambiental no producían una línea simple ascendente a medida que los países se hacían más ricos. La línea a menudo se elevaba, permanecía plana y después se invertía precipitándose hacia abajo, adoptando la forma de una bóveda o una u invertida, lo que se llama curva de Kuznets.

En docenas de estudios, los investigadores han identificado curvas de Kuznets en una serie de problemas medioambientales. Hay excepciones a esta tendencia, especialmente en países con gobiernos ineptos y sistemas de derechos de propiedad mediocres, pero en general, los más ricos suelen ser los más ecológicos. A medida que los ingresos aumentan, la gente se preocupa primero por limpiar el agua para beber, y después por acabar con los contaminantes del aire, como el dióxido sulfuroso.

Cuando su riqueza crece, la gente consume más energía, pero cambia a fuentes más limpias y eficientes, de la madera al carbón y al petróleo, y después al gas natural y a la energía nuclear, emitiendo cada vez menos carbono por unidad de energía. Esta tendencia global de descarbonización ha avanzado a un ritmo notablemente constante desde 1850, según Jesse Ausubel de la Rockefeller University y Paul Waggoner de la Connecticut Agricultural Experiment Station.

“Cuando tienes muchos rascacielos llenos de ordenadores operando todo el tiempo, la energía producida tiene que ser muy limpia y compacta”, dice Ausubel, el director del Programa para el Medioambiente Humano de Rockefeller. “La tendencia a largo plazo es hacia el gas natural y la energía nuclear, o quizás hacia la energía solar. Si el sistema de energía se deja a sus propio paso, la mayor parte del carbono se habrá abandonado hacia 2060 o 2070”, añade.

Pero los países occidentales parecen estar cerca del punto alto de la curva de Kuznets de las emisiones de carbono y preparados para empezar el feliz descenso. Las emisiones de carbono per capita han empezado a declinar en algunos países, como Francia. Algunos investigadores estiman que el punto de inflexión podría llegar cuando la renta per cápita de un país alcanza los 25.000 euros, pero puede variar ampliamente, dependiendo de qué combustibles estén disponibles. Desde luego, aunque se reduzca el impacto de los gases de efecto invernadero en los países ricos, todavía se producirá un aumento de las emisiones de carbono de China, India y otros países que están ascendiendo en la curva de Kuznets. Aunque esta perspectiva hace que los ecologistas de todo el mundo presionen para que se establezcan restricciones globales a los gases invernadero, algunos economistas temen que un tratado global pueda en definitiva dañar la atmósfera al ralentizar el crecimiento económico, retrasando con ello el tiempo que necesitan los países pobres en alcanzar el punto de inflexión de la curva.

Pero después, ¿hay muchas razones para poner en vigor restricciones estrictas? El tratado de Kioto no ha transformado a las industrias ni a los consumidores europeos. Ausubel dice que están esperando en contra de la historia. A lo largo del siglo pasado, dice, nada ha alterando tan drásticamente las tendencias a largo plazo de la forma en que los americanos producen o emplean la energía, ni la Gran Depresión, ni las guerras mundiales, ni la crisis energética de los años 70, ni los grandes programas para producir energías alternativas.

“Los sistemas energéticos evolucionan con una lógica particular, gradualmente, y no se transforman de repente en algo diferente”, indica Ausubel.

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