Por qué aumenta el uso del gas natural?

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La demanda de gas natural crece año tras año de forma espectacular: si la producción mundial total de energía ha aumentado en un 87% desde 1973, la de gas natural lo ha hecho en un 240%.

FUENTE – Ecoticias – 22/04/09

Sin embargo, la reciente crisis causada por Rusia al cortar el suministro a Europa ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sistema. Mientras sus defensores recuerdan las ventajas de consumir gas natural y sostienen que todavía quedan reservas para décadas, algunos expertos señalan diversos problemas que podrían poner en peligro el abastecimiento para los próximos años.

Las previsiones para los próximos años indican que la demanda de gas natural continuará en ascenso, para generar calor y electricidad tanto a nivel doméstico como industrial, o incluso como combustible para vehículos. La Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA en sus siglas en inglés) prevé que podría incrementarse en un 50% de 2005 a 2030, mientras que en Europa podría crecer un 43%, según Eurogas. Se estima que los mayores incrementos se darán en las economías emergentes de los países asiáticos y del este de Europa, que triplicarán su uso del gas durante el periodo 2002-2025. En España, el Ministerio de Economía cree que dicha demanda se multiplicará por 2,2 en 2011, hasta alcanzar los 44 bcm (miles de millones de metros cúbicos).

Varias razones explican este favorable escenario. El incremento del consumo energético mundial, los problemas de contaminación y el cambio climático, o la necesidad de diversificar las fuentes de energía para no depender sólo del petróleo juegan a favor del gas natural.

En este sentido, según datos de la empresa Gas Natural, en su combustión se produce de un 40 a un 45% menos dióxido de carbono (CO2) que en la del carbón, y entre un 20 y un 30% menos que en la de los productos derivados del petróleo. Además, no emite partículas sólidas ni cenizas, las emisiones de dióxido de azufre son prácticamente nulas y las de óxidos de nitrógeno son inferiores a las del carbón y los productos petrolíferos.

Marta Margarit, secretaria general de la Asociación Española del Gas (Sedigas), afirma que sólo con los yacimientos conocidos, las reservas contabilizadas a finales de 2008 aseguran una disponibilidad en el mundo durante unos 62 años. Pero esta cifra podría ser incluso mayor: las reservas en los últimos 40 años han aumentado gracias a nuevas prospecciones, de manera que se han multiplicado por 4,6. Por ejemplo, una información publicada en Oil and Gas Journal a finales de 2008 señalaba que las reservas mundiales “probadas” de gas natural crecieron un 1,2%.

Situación de las reservas mundiales de gas natural

Según datos aportados por Sedigas, la Federación Rusa alberga la cuarta parte de las reservas mundiales; Irán y Qatar se sitúan después, respectivamente; Arabia Saudita, EE.UU., Abu Dhabi y Venezuela ocupan, en ese orden, las siguientes posiciones. En estos siete países se ubican el 68,7% de las reservas mundiales de gas natural.

Por otra parte, una de las regiones con un crecimiento más notable en reservas fue América, donde aumentaron en conjunto el 9,8%. En Kuwait, Indonesia y Pakistán también se produjo una nueva evaluación de sus reservas con resultados positivos superiores al 10%.

¿Habrá dificultades de suministro?

Algunos expertos señalan diversas razones que podrían producir en los próximos años dificultades e incluso parones en el suministro. René Snijder, consultor en temas de energía y miembro del Comité de Estrategia y Regulación de la Unión Internacional del Gas, sostiene que desarrollar nuevas reservas cuesta mucho dinero y que, a menudo, éstas no pueden empezar a explotarse hasta transcurrido un largo plazo de transición.

Snijder recuerda también que la mayor parte de los recursos de gas natural se localizan en unos pocos países y fuera de las principales regiones consumidoras, de manera que pueden elegir qué mercado les resulta más conveniente para sus intereses económicos y geopolíticos. Por ello, este experto sostiene que está empezando a haber problemas comparables a los planteados por el petróleo.

Amismo, el sistema de abastecimiento también podría poner en serias dificultades a sus consumidores. Hoy día se utilizan dos métodos: mediante gasoductos, desde los yacimientos de gas hasta las propias plantas, o mediante buques gaseros que lo transportan licuado, en estado líquido, a temperaturas criogénicas (-162º C), lo que se denomina gas natural licuado (GNL).

Según la asociación Ferrolterra-Ciudadanos Aliados para Proteger su Entorno (F-CAPE), el GNL tiene la ventaja de no depender de un suministrador determinado, ya que se puede comprar a otros de cualquier parte del mundo, y permite la entrada en el mercado mundial de nuevos productores. En caso de una emergencia, como la reciente crisis rusa, son una buena solución. Por ello, en la última década, el comercio de GNL prácticamente se ha duplicado.

Sin embargo, el uso del GNL presenta también diversos inconvenientes que podrían frenar su comercio. Los responsables de F-CAPE explican que la importante demanda de GNL por parte de Japón, Corea del Norte e India, junto con la escasa disponibilidad de plantas de licuefacción, las cuestiones geopolíticas y la falta de dinero en los mercados están provocando una fuerte especulación que continuará a medio plazo, lo que provocará que los consumidores sigan pagando caro el gas y la electricidad. La gestora de inversiones Sanford C. Bernstein & Co aseguraba en el último Congreso Mundial del Petróleo, celebrado en Madrid, que el GNL podría volverse incluso más caro que el crudo, porque la demanda de Asia y Europa sube más deprisa que la oferta.

Por otra parte, algunos expertos recuerdan que las materias primas y los materiales de construcción y de equipamiento de las plantas de gas han crecido a gran ritmo en los últimos años, y que hay una escasez mundial de capacidad de ingeniería y mano de obra cualificada. Por todo ello, la creación y puesta en marcha de la mayor parte de las plantas de licuefacción planeadas se encuentra en el aíre.

Asimismo, los expertos recuerdan que el GNL es la opción más cara por los costes adicionales de los procesos de licuefacción, transporte en barco y regasificación, y que sólo es más rentable que el gasoducto a distancias superiores a 3.000 kilómetros. Sin embargo, Snijder afirma que en la actualidad no se dispone de capacidad sobrante para la producción de GNL y que incluso se está volviendo más competitiva la utilización de gasoductos por encima de los 3.000 kilómetros de distancia.

España, un caso especial

El consumo de gas natural también se ha incrementado en los últimos años en España. En concreto, los responsables de la asociación F-CAPE señalan el peso cada vez mayor de las centrales térmicas de ciclo combinado que utilizan dicho combustible.

En cuanto al suministro, Marta Margarit, de Sedigas, recuerda que España, al igual que la mayoría de los países europeos es un país energéticamente dependiente. En relación con el gas natural, la principal diferencia entre España y el resto de países de la Europa Continental es la diversidad de fuentes. Margarit señala que mientras cerca del 70% de los países de Europa depende de un único suministrador, España recibe gas natural de diez países: en 2008, Argelia, con una cuota del 35%, fue el principal proveedor; después le siguieron Nigeria (18,9%); los Países del Golfo (13,4%); Egipto (12,4%); y Trinidad y Tobago (10,9%).

A la hora de transportarlo, cerca del 70% llegó en forma de gas natural licuado (GNL), según la responsable de Sedigas. Por ello, España cuenta con seis de las catorce plantas de regasificación de Europa. El gas natural restante, según la asociación F-CAPE, llega por gasoducto desde Argelia a través del estrecho de Gibraltar y desde Noruega a través de la conexión Lacq-Calahorra. No obstante, la responsable de Sedigas recuerda que la próxima entrada en funcionamiento del Medgaz, el gasoducto que ya une Argelia con la Península (Beni Saf-Almería), incrementará desde finales de 2009 la capacidad anual de suministro por gasoducto en 8 bcm (miles de millones de metros cúbicos), – ampliables a 16 bcm- el equivalente a un 20% del actual consumo español.

Sin embargo, los responsables de F-CAPE aseguran que el nuevo gasoducto servirá también para proveer de gas a Francia y probablemente al resto de Europa. Por tanto, razonan, España verá reducida su capacidad para suministrarse a través de este gasoducto y continuará dependiendo en gran medida del GNL, con los inconvenientes anteriormente señalados. Por ejemplo, Tan Sri Dato Sri Mohd Hassan Marican, presidente y consejero delegado de Petronas, la compañía de gas y petróleo de Malasia, auguraba en 2007 que el suministro de GNL en España vivirá una crisis en 2010.

Medidas para evitar una posible crisis

Tras la reciente crisis europea con el gas ruso, los ministros de Energía de la Unión Europea (UE) han solicitado el reforzamiento de las interconexiones y la diversificación de los suministradores, las fuentes y las rutas de abastecimiento energético, de manera que se reduzca su dependencia del exterior, en especial de Rusia.

En concreto, los ministros de Energía han respaldado el desarrollo de técnicas de GNL para facilitar la acumulación de reservas, la interconexión eficaz de la región del Báltico y las de gas y electricidad en la Europa central y sudoriental. Y coincidiendo con una propuesta de la Comisión Europea del pasado noviembre, consideran prioritaria la creación de un “corredor sur” del gas, para agrupar varios gasoductos, como el de Nabucco, que permita llevar el gas del Caspio a Europa a través de Turquía.

Por su parte, los responsables de Sedigas aseguran que una vía para conseguir dicha diversificación pasa por resaltar a la Península Ibérica como puerta de entrada de gas natural al continente desde el sur. En opinión de F-CAPE, España no debería depender tanto del GNL, puesto que la mejor opción es el gasoducto.

Asimismo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sostiene que, si no se quiere experimentar una crisis energética para 2015, harán falta nuevas inversiones importantes. En este sentido, René Snijder apela a los gobiernos para que ayuden a crear las condiciones adecuadas, mediante un régimen regulatorio que busque aumentar la competencia “orientado al consumidor” y “favorable para el inversor”.

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