Sucia ofensiva anti-renovable (ER 77)

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Sin duda el debate sobre el modelo energético, que tanto hemos reclamado algunos, ha llegado. Se abrió parcialmente hace más de un lustro, pero sólo en una dirección, con la reiterada consigna de “la necesidad de reabrir el debate nuclear”. Se hizo con falsedades como apuntaba en esta misma columna hace meses y ahora se amplía con un nuevo frente: la ofensiva anti-renovable. Me gustaría dar la bienvenida al debate pero no puedo; el necesario contraste de datos y ventajas e inconvenientes de las distintas opciones se ha sustituido por la intoxicación y la goebbeliana táctica de repetir cien veces una mentira para convertirla en verdad.

FUENTE – Energías Renovables – 06/04/09

Presentemos a los actores de esta ofensiva. En primer lugar hay que mencionar a los apóstoles de la energía nuclear que no se limitan a maquillar los gravísimos inconvenientes de esta tecnología sino que se sienten obligados a descalificar a las renovables planteando una dicotomía absurda.

Por otra parte es evidente que hay intereses que se ven afectados, muy afectados en algún caso, por el desarrollo de las energías renovables. Veamos lo que sucede, por ejemplo, en nuestro sistema eléctrico. Las centrales de ciclo combinado habían generado entre el 1 de enero y el 15 de marzo de 2008 exactamente 20.247.362 MWh (datos de REE); en el mismo periodo de este año han quemado mucho menos combustible fósil en estas centrales térmicas de gas pues solo han generado 13.285.560 MWh, casi 7.000 GWh menos. Y aunque existan diversas causas no nos debe extrañar que el máximo mandatario de la principal empresa gasista de este país sangre por la herida al manifestar que las “primas a las renovables son un disparate”. Sí, buena parte de la reducción de su cifra de negocios viene dada por el aumento de la energía eólica con un incremento del 25,23% mientras las centrales de gas reducían su participación en la cobertura de la demanda en un 33,98%. Sí, hay intereses afectados pero ¿son los de la economía española? No, no los de los españoles. Cada vez que un aerogenerador o una central hidráulica entra en funcionamiento no lo hace una térmica y, por tanto, nos ahorramos la importación de combustible fósiles en cientos de millones de euros (solo la eólica evitó en 2008 importaciones por valor de 1.200 M€) además de la emisión de cientos de miles de toneladas de CO2. Estos son hechos.

Por último y ligados a las intereses de las anteriores, están los negacionistas del cambio climático. Según van quedando más en evidencia y más en minoría van manifestándose con mayor radicalidad. Quieren plantear el debate en términos ideológicos con un enfrentamiento derecha-izquierda que, por ejemplo, no se corresponde con el apoyo que gobiernos autonómicos de distinto signo han dado en nuestro país al desarrollo de la eólica.

Si Zapatero dice que las renovables son buenas es suficiente argumento para combatirlas. Ridiculizan a Obama por su decida apuesta y le auguran un batacazo monumental. Pero sobre todo emplean la mentira. Parten del tópico de que “las renovables son caras”, cuando está más que demostrado con estudios serios y publicados que lo caro es modelo actual. Son capaces de inventarse cifras como que las renovables han recibido en nuestro país más de 30.000 millones de euros en “subsidios” cuando el importe total de las primas (no es lo mismo que un subsidio) percibidas por las instalaciones renovables desde la implantación de esta forma de apoyo no supera los 7.000 millones. Ahí están los informes de la CNE.

Lo último ha sido sacar de la manga, con la complicidad y apoyo de determinados e influyentes medios, un estudio según el cual “cada empleo renovable destruye dos”. Este informe que pretende ser una réplica al publicado por AEE sobre el impacto macroeconómico de la eólica en la economía española tendrá su contestación adecuada porque, puedo asegurarlo, cada uno de los que trabajamos en las renovables no tenemos escondidos en el armario a dos parados.

En cualquier caso, es un paso más en la ofensiva para descalificar las renovables. Pero, quizás, lo más preocupante es que enfrente tienen a un sector cuyas principales empresas se regodean en la publicidad de sus marcas y no se dota de la organización adecuada para afrontar este debate con un trabajo conjunto de información y comunicación. Y ese es el campo de batalla.

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