Un estudio germano-hindú no ve viable la fertilización del océano

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La suposición de que el Océano Austral podía absorber más cantidad de dióxido de carbono parece ser mucho más limitado de lo que se creía.

FUENTE – Ecoticias – 05/04/09

El propósito del estudio LOHAFEX (loha en hindi significa hierro, y FEX deriva de ‘experimento de fertilización’ o fertilisation experiment) era investigar los efectos de la fertilización con hierro en la ecología del Océano Austral y su capacidad para absorber más cantidad de dióxido de carbono atmosférico.

 Durante el estudio LOHAFEX, 70 científicos procedentes de 7 países pasaron dos meses y medio en el buque oceanográfico Polarstern por la zona de los famosos ‘cuarenta rugientes’, donde con frecuencia se dan fuertes vientos y tormentas; a veces los investigadores de la expedición tuvieron que enfrentarse a vientos superiores a los 120 km/h, y el buque tuvo que abandonar en dos ocasiones el área de estudio para evitar las terribles tormentas.

A pesar del tiempo, los investigadores lograron llevar a cabo sus experimentos con éxito, lo que supuso fertilizar una zona de 300 kilómetros cuadrados de océano con 6 toneladas de hierro disuelto. La ubicación elegida fue el interior del núcleo de un remolino, una vasta columna giratoria de agua con un área de unos 10.000 kilómetros cuadrados.

Durante 39 días, los investigadores analizaron los efectos del hierro añadido en sobre el plancton vivo de la zona como en el perfil químico del océano.

Al principio todo transcurrió como se esperaba, con el hierro estimulando el crecimiento del fitoplancton, cuyo volumen se duplicó durante las dos primeras semanas del estudio. A continuación intervino el zooplancton (animales diminutos).

“El aumento de la presión de depredación por parte de los pequeños crustáceos del zooplancton (copépodos) impidió el posterior aumento de la floración del fitoplanctom”, explicó el doctor Wajih Naqvi del Instituto Nacional de Oceanografía de la India [NIO).

La acción depredadora del zooplancton efectivamente contuvo a la población de fitoplancton, impidiendo una mayor captación de CO2. En consecuencia, sólo una pequeña cantidad de carbono abandonó las capas superficiales para quedar almacenada en las profundidades del océano; el resto permaneció en las capas superficiales del mar.

Los experimentos previos produjeron resultados totalmente diferentes, con grandes cantidades de carbón penetrando en las profundidades del océano. Así pues, ¿dónde estaba la diferencia? Según los científicos, aquellos experimentos previos activaron la floración de diatomeas, un tipo de algas que están protegidas de la depredación del zooplancton por una protección de sílice. Cuando las diatomeas murieron, se hundieron a gran profundidad. La escasez de ácido silícico (usado por las diatomeas para construir su protección) en el lugar donde se llevó a cabo el experimento LOHAFEX, impidió que las diatomeas pudieran prosperar.

Mientras tanto, el experimento continuó dando sorpresas. “Para nuestra sorpresa, la zona fertilizada con hierro atrajo un gran número de predadores del zooplancton, pertenecientes al grupo de crustáceos conocido como anfípodos”, explicó el profesor Victor Smetacek del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina.

Los anfípodos miden de dos a tres centímetros de largo, y una de las especies más comunes de anfípodos, Themisto gaudichaudii, constituye a su vez el alimento principal del calamar y del rorcual común en al Atlántico suroccidental. Hasta ahora se conoce muy poco de esta notable especie, a pesar de su importancia para la pesca intensiva del calamar en el Atlántico suroccidental y para la supervivencia del rorcual.

A las tres semanas de iniciarse el experimento, los investigadores añadieron más hierro a la zona. Sin embargo, esto no tuvo ningún efecto sobre el fitoplancton, lo que indicaba que la zona ya estaba saturada de hierro.

El Polarstern actualmente se encuentra haciendo el camino de vuelta a su puerto de origen de Bremerhaven, Alemania, donde se espera que llegue hacia finales de mayo. Una vez en casa, los científicos se enfrentarán a la descomunal tarea de analizar las numerosas muestras congeladas y conservadas que han recogido durante su épica andadura. Se espera que los resultados completos del experimento sean publicados en revistas y presentados en seminarios hacia fin de año.

Los científicos están muy satisfechos con los resultados del viaje. “Ha sido un crucero agotador, con muchos momentos de angustia y de esperanza cuando tratábamos de alcanzar nuestra zona alrededor del remolino que lo engullía todo. Sin embargo, a pesar del duro trabajo realizado en circunstancias difíciles, LOHAFEX ha sido una experiencia apasionante vinculada a un espíritu aventurero y llena de incertidumbres, totalmente distinta de otras travesías de carácter científico”.

“A pesar de proceder de países diferentes y de contar con bagajes científicos muy diversos, los científicos de LOHAFEX trabajaron para una causa común y convivieron como una gran familia”, añadió el doctor Naqvi. “El experimento sirve por tanto de excelente ejemplo de colaboración internacional en las ciencias oceanográficas de carácter interdisciplinario”.

Al comienzos de año, el estudio LOHAFEX levantó una gran controversia, ya que hubo grupos ecologistas que pretendían bloquear el experimento, afirmando que contravenía las leyes internacionales para la protección de los océanos. Tras ser sometido a revisiones científicas independientes en Alemania y otros sitios, se dio luz verde al experimento a finales de enero.

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